lunes, 28 de septiembre de 2009

Diario de Sarajazo Nº 1

Últimamente estoy como ausente. Sucede que aunque tengo un propósito y un proyecto de soberanía alimentaria (como base para todas las demás soberanías), me cuesta mucho poner manos a la obra, porque la sombra del desánimo me afecta constantemente. De verdad, es como un bloqueo mental, como si algunos conspiradores estuvieran emitiendo ondas de radio que desaniman al emprendedor valiente y bloquean la facilidad para pensar correctamente (y aunque la TV y la radio hacen esto, yo casi no veo TV y radio, por lo que quizás estén usando un método más invasivo para mantener a la gente atrofiada…)

Es prácticamente una lucha diaria, por lo que realmente me agoto a veces. Yo tengo la creencia de que para lograr cualquier proyecto, no se necesita de miles de dólares o de sofisticada maquinaria, sino simplemente de ingenio, para hacer uno mismo las herramientas necesarias, aunque se necesite tiempo y perseverancia. Pero es entonces cuando toda la suciedad (sociedad corrupta) me afecta y entonces creo que sin equipo y sin dinero puedo hacer poco (pero esto es falso). En fin, en este tipo de conflictos se me va mucha de mi energía. Hay una guerra dentro de mi mente. Si mi mente fuera una sola, en armonía, y dirigida solamente hacia el sano propósito de una vida digna, entonces tendría suficiente fuerza para cambiar al mundo entero… ese es el potencial de cada ser humano. Pero como casi todos estamos divididos por dentro, ya estamos vencidos: “Divide y vencerás”. Si tan solo pudiera unificarme como individuo, si tan solo tuviera una mente unificada y fuerte, entonces no habría nada que me detenga.

Pero por ahora, lo que voy logrando es poco: estoy construyendo unas pocas camas para hidroponía (y me he dado cuenta de que la madera es muy muy costosa); he pensado muchas veces en cómo hacer invernaderos, con qué materiales, en cómo hacer unas pilas de concreto para hidroponía (que sería lo menos costoso). Pero, por el conflicto mental diario, me toma mucho tiempo, lo hago como si casi no tuviera energías. Creo también que es por el alimento: en mi casa se come demasiada carne, muy pocas legumbres, demasiado trigo importado (que seguramente es genéticamente modificado) en pan y macarrones, agua clorada, verduras llenas de pesticidas, etc. Por eso sé que cuando logre producir yo mismo hortalizas, mi salud mental y mi “bioenergía” van a mejorar mucho. Y sé que eso me dará fuerzas para cosas mayores. También necesito encontrar la forma de consumir agua natural. Lástima, allí no más a cien metros hay un río con abundante agua, pero es el Río Guápiles, y nadie se atrevería a tomar agua de allí. Por eso, la lluvia es mi mejor opción (pero el agua que baja del techo trae pedazos de pintura y corrosión de las láminas metálicas). Como puede verse, es un problema tras otro.

Por ejemplo, tengo unas enredaderas de frijol cubaz y de chayote, y unas plantas de papaya con flores. Pero sucede que hay dos especies de aves que las están dañando: al chayote le pican todas las hojas, si no encuentran brotes tiernos empiezan a romper las hojas viejas, y a las papayas se les comen las flores (y por eso no dan papayas). También están las babosas, que se comen todas las hojas de las plantitas de camote, y que dañan a las orquídeas de mi madre. Y las orugas de mariposa, que se comen las hojas de la enredadera de maracuyá. El problema es el siguiente: si fueran unos pocos los animales que hacen daños, no habría problema, porque habría un cierto control natural; pero no son pocos, son muchos, son una peste, y nada los detiene (solo yo cuando puedo). Por eso me fatigo grandemente, parece que la naturaleza me ha declarado la guerra y no desea que prospere ninguna de las plantas que siembro. Y entonces entiendo la importancia de la maldita revolución verde de los agroquímicos: fue cuando el ser humano aprendió a hacer venenos para que estas pestes no se lo comieran todo. De no ser por esos venenos, la mitad del mundo moriría de hambre porque las pestes lo arrasarían todo. Por eso, cuando la agricultura era algo natural, sin venenos, no podía haber demasiada gente, y el equilibrio natural existía, y los animales dañinos eran controlados por otros animales, por ejemplo, los pájaros por aves de presa como gavilanes y halcones. Pero ahora los gavilanes y halcones los han matado porque se comían a las gallinas y al ganado, y a los pajaritos peste los alimentan los vecinos con cinco racimos semanales de banano (creando así una mayor peste)… que inhumanos que son, gastar tanto banano en pájaros dañinos y nada en gente que no tiene que comer. En fin, es muy frustrante, pero me ha permitido entender porqué el uso de los venenos pesticidas es algo tan normal, y porque los agricultores más humildes creen que mientras más pesticida puedan comprar y aplicar al cultivo, “más rica” es la fruta u hortaliza que producen.

Me asusta un poco además: ver que ya no hay controles naturales de estos animales plaga, y que cualquier intento de crear una agricultura natural será muy difícil que prospere. Claro, siempre hay especies de plantas alimenticias que no son atacadas por las plagas, como los cormos y raíces del tiquisque y la yuca. Ambos podrían ser la fuente principal de carbohidratos, la base de la dieta, en lugar de maíz y trigo. Al menos la base está asegurada, y es cuestión de tener buena tierra donde cultivar estas cosas (tierra profunda y sin piedra, para que las raíces y tubérculos puedan crecer bien), cosa que casi no tengo, por cierto. Eso sí, estas plantas duran mínimo nueve meses para dar su cosecha, por lo que hay que planificar muy bien si se quiere tener un suministro constante.

Con la hidroponía estoy seguro que podría cultivar todas esas delicadeces que normalmente no podrían crecer en este clima tropical lluvioso, desde lechugas hasta brócolis. Y que con unas pilas de concreto bien grandes también podría cultivar maíz, frijol, arroz y hasta trigo si consiguiera la semilla. Pero para que resulte, hay que hacer un invernadero, de una u otra forma. Una malla de gallina para evitar que entren los pájaros peste, un cedazo para evitar los insectos dañinos, un techo plástico para evitar excesos de agua. Si tuviera el ingenio y los recursos, crearía un invernadero con riego automático, y sellado completamente de las plagas externas, con ventilación eléctrica… así, el invernadero sería casi que una máquina automática de producción de alimentos, y uno podría supervisarlo muy poco para que tenga éxito. Incluso podría refrigerar unas zonas del invernadero para cultivar cosas de clima frío como manzanas y uvas, así como los del norte hacen invernaderos calientes para cultivar cosas tropicales. Pero ese equipo es costoso, contratar a un ingeniero agrícola es costoso, y de verdad que este tipo de “máquina productora de comida” es algo que se sale de mis manos en este momento, no es algo que una persona común pueda construir empezando desde cero. Ese sería el objetivo que finalmente quisiera alcanzar. Para empezar, voy a tener que permitir ventilación natural (y con esta tendré que combatir insectos plaga), voy a tener que regar a mano (y por lo tanto estar pendiente dos o tres veces al día del
cultivo), y tendré que esforzarme mucho por controlar a las pestes con repelentes naturales (y no con pesticidas tóxicos).

Espero producir suficiente para mi familia, y que se me reconozca algo de dinero por este esfuerzo, pues comprendo que sin un ingreso en forma de dinero, estoy estancado para alcanzar esa meta de la “máquina automática de producción de comida”. También espero poder vender algo a los vecinos, ojalá en forma de una canasta de vegetales surtidos, todo lo que necesiten por una semana. Claro, lo que más temo es que tendré que dedicar casi que todos los días y todo mi tiempo a este proyecto. Lo que más temo es ese compromiso. Pero solo así podré producir comida sana, y solo así podré ganar dinero y “clientes” para alcanzar la meta de la soberanía alimentaria y de la automatización en la producción de comida. Pues cuando realmente tenga un invernadero “automático”, tendré nuevamente casi todo mi tiempo para dedicarlo a algo más, y para ayudar a otros a alcanzar una posición similar en soberanía y en técnica alimentaria. En mi opinión, en todos los barrios del mundo debería de haber un invernadero automático de este tipo, junto a un campo de cultivo tradicional donde crezcan plantas propias de cada región que no requieran grandes cuidados (como el tiquisque y la yuca en mi caso) y árboles frutales y nueces, etc.

Pero eso son solamente sueños por ahora. Mi realidad inmediata es esta debilidad “energética” que siento, esa falta de energía mental para poner manos a la obra; sospecho que es una debilidad consentida y promovida por la apestosa gente en el poder corporativo, y que no solo me afecta a mí, sino a muchos otros también. Estoy como la persona que huye del tigre: muy cansado por correr con el tigre atrás, pero en necesidad de correr un poco más para alcanzar por fin un refugio desde donde recuperar fuerzas y avanzar con más calma. Para mí, el tigre son los tóxicos en la comida, el agua, el ambiente, en las relaciones interpersonales y en los medios de comunicación, y el refugio es el acceso a todas estas cosas sin ese componente tóxico. Solamente quiero vivir saludablemente, pues si no tengo salud, sino tengo armonía, ¡como demonios voy a poder estar en el estado correcto para meditar y conectarme con Dios!

No sé hasta donde podré avanzar, no sé si tendré la fuerza de voluntad para perseverar, pero sí se una cosa: no tengo otra opción. Viva o muera, quiero hacerlo con dignidad. Antes de ser un esclavo asalariado, preferiría huir al bosque y vivir como un ermitaño, y si ni esto se me permite, preferiría morir. Viva o muera, la única forma de sentirme bien conmigo mismo es alcanzando esa salud y armonía con mis propias manos. No quiero trabajar todo el tiempo como un esclavo, pero sí quiero trabajar lo justo y necesario para tener esa vida digna, para trabajar en cosas de manera científica, de tal forma que no haya que repetir el mismo trabajo una y otra vez. Viva o muera, eso no hace diferencia, porque vivo o muerto, igual mi alma seguirá soñando con la libertad y esforzándose por alcanzarla… vivo o muerto estoy profundamente metido en este drama, en este sueño, en este mundo donde la única forma de despertar, es apartándose del miedo que no le permite a uno tomar la propia vida en las propias manos, hacerse dueño del propio destino. Soy dueño de mi destino, soy poseedor de una mente creativa que puede superar cualquier problema mediante la técnica, soy dueño de un alma sensible que busca la armonía, la belleza, la majestuosidad, soy verdaderamente un heredero de ese dios llamado Inteligencia. Entonces… ¿porqué seguir en la indignación de comportarme como si no fuera poseedor de esas cualidades? como si no pudiera resolver los obstáculos, como si la suciedad social fuera más fuerte que esa alma que está conectada con Dios. He aquí mi posición: que para realizarme como ser humano, y para alcanzar la verdadera religión, necesito enfrentarme a todo aquello que no me permite ser libre, de la manera más inteligente posible.

Sarajazo